Mis queridos amigos:
 
Recientemente un miembro de A.A. me envió un saludo poco común, el cual me gustaría hacerlo extensivo a ustedes. El me contó que era un antiguo saludo árabe. Tal vez no tengamos grupos árabes, pero sin embargo parece una expresión adecuada de mis sentimientos por cada uno de ustedes. Reza así: “Yo los saludo y les agradezco por su vida”.
 
Mis pensamientos están muy ocupados estos días por la gratitud a nuestra Comunidad y por las miríadas de bendiciones otorgadas a nosotros por la Gracia de Dios.
 
Si me preguntaran, según mi opinión, cuál de estas bendiciones era la más importante de nuestro crecimiento como Comunidad y más vital para nuestra continuidad, yo replicaría: el “Concepto de Anonimato”. El anonimato posee dos atributos esenciales para nuestra supervivencia individual y colectiva: el espiritual y el práctico.
 
A nivel espiritual, el anonimato exige la máxima disciplina de la que somos capaces, a nivel práctico, el anonimato ha traído protección para el recién llegado, respeto y apoyo del mundo exterior, y seguridad contra aquellos de nosotros que pudiéramos utilizar a los A.A. con propósitos enfermos y egoístas.
 
Los A.A. deben continuar y continuarán cambiando con los años que pasan. Nosotros no podemos ni debemos retrasar el reloj; sin embargo, tengo la profunda creencia de que el principio del anonimato debe seguir siendo nuestra salvaguarda primaria y permanente. Mientras nosotros aceptemos nuestra sobriedad en nuestro tradicional espíritu de anonimato, continuaremos recibiendo la Gracia de Dios.
 
Y así —una vez más— los saludo con ese espíritu y de nuevo, les agradezco por su vida.
 
Que Dios nos mande sus bendiciones a todos nosotros ahora y para siempre.
 
Su eterno servidor.

 

 


* Leído por Lois en la comida anual ofrecida por la Asociación del Intergrupo de New York, en honor del 36? Aniversario de Bill, el 10 de octubre de 1970.

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